La familia Rojas: una historia de siglos en Chile

Basta hojear cualquier registro civil, guía telefónica o padrón electoral en nuestro país para darse cuenta de un detalle evidente: el apellido Rojas está por todas partes. De hecho, le pisa los talones a los González y a los Muñoz en la lista de los más comunes a nivel nacional. Pero lo que a simple vista parece ser solo un dato estadístico, esconde en realidad un rompecabezas genealógico fascinante que nos lleva de vuelta a los años más crudos de la Conquista y la Guerra de Arauco.

Si te apasiona la genealogía, rastrear a los Rojas es todo un reto. ¿El motivo principal? No podemos apuntar a un solo fundador. Estamos hablando de un apellido “polifilético“; es decir, distintas ramas familiares que no tenían ningún grado de parentesco cruzaron el Atlántico en épocas diferentes para instalarse a lo largo y ancho de la antigua Capitanía General de Chile.

Acompáñanos a desentrañar los orígenes de este linaje, los troncos familiares que echaron raíces en el territorio y los nombres de quienes, desde sus trincheras, ayudaron a forjar el país.

De Burgos al Nuevo Mundo: los primeros en llegar

Originalmente, Rojas es un apellido toponímico que viene de la villa homónima ubicada en la provincia de Burgos, en España. Al desatarse la fiebre de la expansión imperial en el siglo XVI, muchísimos administradores, militares y comerciantes que llevaban este apellido se embarcaron a la aventura americana.

Ya en los albores de la conquista del Cono Sur asoma un nombre de peso: Diego de Rojas. Como uno de los pioneros, anduvo explorando las provincias de los Charcas, el Tucumán y a los chiriguanos. Aunque sus expediciones se concentraron más al otro lado de la cordillera, una buena parte de sus soldados terminó cruzando a Chile para engrosar las filas de Pedro de Valdivia y García Hurtado de Mendoza.

Una vez radicados acá, los Rojas no tardaron en hacerse notar por su destreza militar. Si revisamos los Documentos Inéditos de la Historia de Chile, nos encontramos con las proezas del capitán Gregorio de Rojas a fines del siglo XVI. Este oficial se la jugó en plena Guerra de Arauco, defendiendo la retaguardia del Gobernador tras una emboscada en la quebrada de Purén, y liderando un heroico rescate en Los Coyuncos para liberar a un español apresado en la batalla de Malloco.

Un apellido, múltiples ramas

Como llegaron de todos lados, los genealogistas chilenos suelen clasificar a los Rojas dependiendo de la zona geográfica donde fundaron sus linajes. Aquí te presentamos los troncos más influyentes:

1. El arraigo en el Norte Chico: Los Rojas y Carabantes

En la zona norte, una de las líneas con mayor abolengo la inició el capitán Rodrigo de Rojas Pliego, un noble español nacido por 1561. Sin embargo, fue su hijo, el maestre de campo Diego de Rojas y Carabantes (1599-1673), quien consolidó a la familia. La vida de Diego parece de novela: nació en medio del cerco y la destrucción de Osorno a manos de los indígenas. Tras sobrevivir y ser trasladado a La Serena siendo apenas un niño, logró prosperar de manera impresionante. Con los años, se convirtió en alcalde en múltiples ocasiones y armó un enorme patrimonio en el Valle del Elqui y Ovalle, emparentando con antiguas familias de la élite minera y terrateniente como los Cortés Monroy, los Cisternas y los Aguirre.

2. Poder y tierras en la Zona Central

Si miramos hacia Santiago y el valle central durante el siglo XVIII, los Rojas acumularon un poderío económico envidiable, estructurando grandes haciendas y fundando vínculos de Mayorazgo. Entre las sub-ramas más destacadas figuran:

  • Los Rojas y La Madriz: Su origen se remonta al noble Pedro de Rojas Acevedo. Un descendiente suyo, el maestre de campo Andrés de Rojas y La Madriz (quien dejó su testamento en 1775), fue alcalde ordinario de Santiago. Su matrimonio con doña María Mercedes de Ortuguren y Calderón dio origen a prominentes figuras de la sociedad capitalina.
  • Los Rojas Ovalle: Liderados por Francisco de Rojas Ovalle y doña María Hidalgo. De esta unión nacieron figuras clave que se enlazaron con otras dinastías de la época, como los Godoy, Serrano y Zubicueta.
  • El Mayorazgo de don Basilio: En mayo de 1781, el general don Basilio de Rojas y Corvalán —uno de los hombres más ricos de su tiempo— fundó un estricto Mayorazgo para asegurar que su inmensa fortuna no se dividiera. Este patrimonio era gigante: incluía la Hacienda del Puerto en San Fernando, Mallarauco en Melipilla, Peñaflor al poniente de Santiago y una suntuosa mansión en pleno centro de la capital.

3. Del Maule a la costa

Hacia el sur, el apellido también tejió su propia red. En los viejos archivos notariales de Talca y Chillán figuran fundadores como Bernardo de Rojas, Pedro Rojas (testó en 1728) o José Antonio Rojas Aguirre. Ya entrado el siglo XIX, destacaba en Curicó don Enrique Rojas Garcés, entroncando con las familias agrarias del Maule como los Letelier, Valenzuela y Cruz. Por el lado costero (Valparaíso, Casablanca, Rapel), capitanes y navegantes de apellido Rojas establecieron familias dedicadas al puerto y al comercio, como el capitán Luis de Rojas (1734) o Juan de Rojas en Casablanca.

El conspirador ilustrado: Don José Antonio de Rojas

A pesar de la larga lista de militares y ricos hacendados, hay una figura en particular que marca un antes y un después en la historia política de Chile: don José Antonio de Rojas y Ortuguren (1732 – 1816).

Hijo de Andrés de Rojas y doña Mercedes de Ortuguren, José Antonio viajó joven a España por asuntos de herencia y se impregnó de las ideas de la Ilustración europea. Lo fascinante es que, al regresar a Chile, logró ingresar clandestinamente la biblioteca más grande y subversiva que existía en la colonia. Burló la vigilancia de la Inquisición e introdujo en sus baúles textos prohibidos de Rousseau, Voltaire y tomos enteros de la Enciclopedia francesa.

Su residencia santiaguina y su hacienda en Polpaico se transformaron rápidamente en clubes de debate filosófico. Animado por estas lecturas, fue el cerebro intelectual de la “Conspiración de los Tres Antonios” (1780), un audaz (y frustrado) plan para fundar una república independiente junto a los franceses Antonio Gramusset y Antonio Berney.

Aunque el complot fue descubierto a tiempo, José Antonio se libró de castigos mayores gracias a su peso social. Su espíritu, sin embargo, no se apagó: sus ideales prepararon el terreno para la Primera Junta de Gobierno de 1810. Ya anciano, pagó su compromiso con el exilio en Juan Fernández durante la Reconquista, logrando volver a Valparaíso apenas para exhalar su último suspiro como un verdadero prócer del republicanismo.

Un legado imborrable

Si pasamos raya, el aporte de los distintos linajes Rojas es tremendo. Sus miembros derramaron sangre en la Guerra de Arauco y defendiendo puertos de ataques corsarios; levantaron la economía colonial implementando mejoras en la vitivinicultura y el cultivo de trigo en sus latifundios; y, a través de personajes como José Antonio de Rojas, abrieron las puertas de un Chile aislado al pensamiento libre y moderno.

Apellidarse Rojas en Chile no es solo compartir una estadística. Es descender de una enorme y vibrante mezcla de encomenderos, soldados, peones y familias mestizas que adoptaron el nombre. Todos ellos, generación tras generación, pusieron las piedras sobre las cuales se sostiene el país que hoy conocemos.

¡Tu turno de contar la historia!

¿Llevas el apellido Rojas con orgullo o tienes a esta histórica familia entre tus antepasados? Nos encantaría leerte. Te invitamos a usar la caja de comentarios de más abajo para contarnos de qué rincón de Chile (o del mundo) viene tu familia, qué leyendas o anécdotas se cuentan en tus reuniones, y si has podido llegar en tu árbol hasta alguno de los personajes de este artículo. ¡Cada relato es una pieza vital en este tremendo puzzle genealógico!

Chile: “No hay mejor tierra en el mundo”

Todos hemos escuchado alguna vez que Chile es “la copia feliz del Edén”. Pero, ¿sabías que esa idea nació de una estrategia desesperada de marketing hace casi 500 años?

En 1545, Chile tenía la peor reputación de América. Los conquistadores que habían venido antes con Diego de Almagro regresaron al Perú contando horrores: decían que era un país pobre, sin oro y lleno de indígenas hostiles. Nadie quería venir. Pedro de Valdivia, aislado en el Valle del Mapocho, rodeado de enemigos y vistiendo harapos tras años de guerra, necesitaba convencer al hombre más poderoso de la tierra, el Rey Carlos V, de que esta empresa valía la pena.

El 4 de septiembre de 1545, desde La Serena, Valdivia tomó la pluma y escribió una de las cartas más importantes de nuestra historia. En ella, ocultó en parte la miseria que vivían y exageró la belleza del paisaje para “vender” el país y conseguir refuerzos.

Con la ayuda de la IA he hecho un resumen y adaptado la carta completa1) al español moderno, manteniendo su fuerza y emoción, para que puedas leerla como si te hubiera llegado un correo electrónico esta misma mañana.

Así es como Pedro de Valdivia le explicó al Rey por qué, a pesar de todo, decidió quedarse en Chile:

FECHA: 4 de septiembre de 1545
LUGAR: La Serena, Chile
DE: Pedro de Valdivia
PARA: Su Majestad el Rey Carlos V

Majestad:

Le escribo para informarle sobre los grandes esfuerzos que he hecho para conquistar y poblar estas provincias de Chile en su nombre.

El difícil comienzo y la mala fama de Chile

Sepa Su Majestad que cuando el Marqués Francisco Pizarro me autorizó a emprender esta conquista, nadie quería venir a esta tierra. La gente que había venido antes con Diego de Almagro la había dejado con tan mala fama, describiéndola como un lugar miserable donde no había ni para comer, que los hombres huían de la sola idea de venir aquí. Incluso a quienes se les ofrecía las mejores condiciones, preferían cualquier otra cosa antes que venir a Chile.

A mí me consideraron loco por querer intentarlo. Me decían que me arruinaría, gastando mi dinero y mi esfuerzo en un lugar del que todos escapaban. A pesar de todo, conseguí reunir 150 hombres gracias a mi insistencia y endeudándome enormemente, vendiendo todo lo que tenía.

El viaje y la fundación de Santiago

Salimos del Cusco en enero de 1540. El viaje fue durísimo; tardamos 11 meses en llegar debido al desierto y al hambre. Finalmente llegué al Valle del Mapocho y fundé la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo el 12 de febrero de 1541. Elegí este lugar porque la tierra me pareció fértil y con mucha madera, agua y pasto, ideal para que su Majestad tuviera aquí un reino importante.

Al principio todo iba bien. Los indígenas parecían pacíficos y nos servían, y empezamos a construir la ciudad y a buscar oro. Parecía que la tierra iba a prosperar rápidamente.

La rebelión y la destrucción total

Pero la paz duró poco. Los indígenas, viendo que nuestra intención era quedarnos para siempre, se organizaron y nos atacaron con una fuerza abrumadora. Mataron a 23 de nuestros caballos, destruyeron nuestras provisiones y quemaron la ciudad entera. Nos quedamos sin nada: sin comida, sin ropa, y sin techo. Lo perdimos todo, excepto las armas que teníamos en las manos y la ropa que llevábamos puesta.

Los años de miseria y resistencia

Desde ese ataque, la guerra no ha parado. Hemos vivido como si fuéramos náufragos. Como los indios dejaron de cultivar la tierra para matarnos de hambre, tuvimos que sembrar nosotros mismos. Mis soldados tuvieron que dejar la lanza y tomar el arado. Arábamos y sembrábamos haciendo guardia al mismo tiempo, armados, porque los indios nos atacaban en cuanto nos descuidábamos.

Pasamos mucha hambre. Comíamos raíces, hierbas y bichos. Cuando cosechábamos algo de trigo, lo guardábamos como oro para volver a sembrar, y mientras tanto nos alimentábamos de nabos y cebollas. La ropa se nos pudrió y tuvimos que vestirnos con pieles de animales que cazábamos o de los perros que matábamos. Así pasamos varios años, sin saber nada del mundo, resistiendo solo con la esperanza de que algún día esto valdría la pena para Su Majestad.

La petición de ayuda (La hazaña de Monroy)

Viendo que nos moríamos, decidí enviar al capitán Alonso de Monroy con cinco hombres a pedir ayuda al Perú. Como no tenía oro para darles, hice fabricar unas estriberas y guarniciones de espadas con el poco oro que habíamos logrado salvar y sacar, para que en el Perú vieran que esta tierra tenía riquezas y se animaran a venir.

Monroy sufrió lo indecible. Los indios mataron a cuatro de sus compañeros en el camino, pero él y otro sobrevivieron, lograron escapar y llegaron a Lima. Allí, gracias a Dios y a Vaca de Castro (Gobernador del Perú en ese entonces), logró conseguir un barco, el Santiaguillo, con provisiones y 60 o 70 hombres de refuerzo.

Cuando el barco llegó aquí en septiembre de 1543, nos devolvió la vida. Los indios, al ver que nos llegaba refuerzo, se desanimaron un poco, aunque no han dejado de molestar.

La descripción de Chile (El motivo para quedarse)

Y ahora, Majestad, quiero decirle algo muy importante para que se sepa en España y vengan mercaderes y gente a vivir aquí:

Esta tierra es tal que, para vivir en ella y establecerse, no la hay mejor en el mundo.

Es una tierra llana y sanísima. El clima es muy agradable: no hace demasiado calor en verano ni demasiado frío en invierno; hay sol casi todo el día. Es increíblemente fértil: se da todo tipo de ganado (ovejas, cerdos, caballos) en abundancia, y cualquier semilla que se planta crece de maravilla. Hay muchísima madera para construir, leña infinita y agua excelente que corre por todos lados. Parece que Dios creó esta tierra a propósito para tenerlo todo a la mano.

Además, ya hemos encontrado minas de oro muy ricas cerca de la ciudad y estamos sacando buena cantidad.

Situación política y petición final

Le informo también que fundé una segunda ciudad, La Serena, en el valle de Coquimbo, para asegurar el camino hacia el Perú y tener un puerto seguro.

Majestad, he gastado más de 200.000 pesos de oro en esta empresa, que es toda mi fortuna y la de mis amigos. Como Francisco Pizarro ha muerto y en el Perú hay desorden por las guerras civiles, necesito que Su Majestad me confirme directamente en el cargo de Gobernador de estas tierras y me conceda las mercedes que merezco por haber ganado este territorio con tanto sufrimiento y sin ayuda real de nadie.

Mi único deseo es dejar fama y memoria de mí, y servirle hasta la muerte. Si no tuviera esa ambición de honra, ya me habría vuelto rico a descansar, pero prefiero seguir aquí ampliando sus dominios.

Quedo a la espera de sus noticias y de los refuerzos que he pedido para seguir la conquista hacia el sur, hasta el Estrecho de Magallanes.

Su humilde súbdito y servidor que besa sus manos,

Pedro de Valdivia

Al terminar de leer estas palabras, es difícil no sentir una mezcla de admiración y escalofríos. Valdivia escribió sobre un clima paradisíaco y una “tierra sanísima” en el mismo momento en que sus hombres apenas tenían qué comer y dormían con la espada bajo la almohada.

Esta carta es mucho más que un informe administrativo; es el acta de nacimiento de la identidad chilena. Valdivia fue el primero en enamorarse de esta geografía loca. Su visión funcionó: la carta llegó a España, el Rey y los mercaderes creyeron en el proyecto, y los barcos con auxilio eventualmente llegaron.

Si hoy vivimos en este país, es en gran parte porque un hombre obstinado, hace 480 años, se negó a aceptar el fracaso y decidió convencer al mundo de que, a pesar de la guerra y la distancia, no había “mejor tierra en el mundo” para vivir.

¿Fue un visionario o simplemente un gran vendedor? Quizás fue ambas cosas.

El intrépido “catalán Molina”

En este septiembre, mes de la patria, nos gustaría honrar al sargento mayor, Don Francisco Javier Molinas, quien fuera un valiente y aguerrido español que luchó codo a codo con los más reconocidos héroes de nuestra independencia. Este español, oriundo de Cataluña, combatió en casi todas las batallas por la emancipación chilena, en prácticamente todos los frentes.

El historiador Barros Arana, en su “Historia de Chile” lo menciona innumerables veces 1), describiéndolo como un militar desbaratado, pero célebre por su intrepidez en las batallas. Además, nos entrega el dato sobre una carta que escribe Molina estando preso por 7 meses en el Cuartel N.º 7, solicitando su libertad al Senado, en donde hace una especie de reseña de sus heroicos servicios, que lo harían merecedor de su restitución al servicio por la patria. El historiador describe esta pieza como “desordenada y jactanciosa hasta el ridículo, pero que contiene noticias útiles para la historia”. Es gracias a este documento que sabemos interesantes detalles de la vida de este temerario antepasado 2).

Como por ejemplo que en 1793, en la frontera hispano-francesa, nuestro héroe quemaba sus primeros cartuchos en combate, luchando en la llamada Guerra de la Convención, también conocida como Guerra del Rosellón o de los Pirineos, donde españoles le declararon la guerra a la Primera República de Francia en un esfuerzo coordinado de las monarquías europeas para contener la Revolución.

Luego le tocó participar en otro conflicto, esta vez contra Gran Bretaña. En esta oportunidad, Españoles y Franceses se unían para luchar contra los Británicos y su expansión. Esta guerra conocida como guerra anglo-española se produjo entre 1796 y 1802.

Tiempo después, a comienzos del siglo XIX, emigró hacia Argentina. Estando allí entre 1806 y 1807 el Imperio Británico puso en marcha lo que se conoce como las Invasiones Inglesas, que fueron 2 intentos fracasados de anexar esta colonia española a sus dominios. En el marco de esta invasión, el 14 de agosto de 1806, 84 correntinos vecinos de la ciudad, con la intención de luchar por recuperar la capital, se reunieron y formaron la Compañía de Cazadores Correntinos, del cual el “catalán” Molina formó parte.

El 4 de noviembre de 1806 la compañía es enviada hacia Montevideo, movilizando a todos sus efectivos disponibles, a quienes se les ordenó reunir todas las armas y caballos posibles. Este enfrentamiento resultó en derrota para los defensores frente a los ingleses. Los Correntinos volvieron a luchar el 2 de junio de 1807 en la defensa del Puente de Barracas y en el combate de los Corrales de Miserere. En esas acciones, Francisco Javier Molina fue uno de los 5 heridos de la compañía.

Ya en Chile, se avecindó en Concepción, donde fue comerciante “de muy buen giro”, como lo señala el mismo en su carta. Fue allí, en mayo de 1809, donde se casó con Concepción Berbén, con quien formó una familia.

Firma de Francisco Javier Molinas, otorgada en Santiago el año de 1811.

Firma de Francisco Javier Molinas, otorgada en Santiago el año de 1811.

Pero “el catalán” era un guerrero innato, y no dudo prontamente en abrazar la causa independentista. Entre marzo y abril de 1813, después de que Antonio Pareja se tomara Talcahuano y Concepción con su ejército Realista, se fugó de dicha ciudad para unirse a José Miguel Carrera y al ejército que se estaba organizando en Santiago.

Después de esto, Molina no paró, participó de las 3 campañas militares que implicaron la guerra de la Independencia, incluyendo en ellas  95 choques y acciones bélicas, recibiendo en ellas siete heridas de guerra. Finalmente, con sable en mano, terminó cayendo en combate durante un asedio que el realista Vicente Benavides puso sobre Las Vegas de Talcahuano entre octubre y noviembre de 1820.

En 1821, su viuda, doña Concepción Berbén, solicita al gobierno de Chile la pensión de Montepío, donde expresa lo siguiente:

Con fecha 10 de este mes, recibí la funesta noticia de haber fallecido mi marido en las vegas de Talcahuano, en las inmediaciones del Portón, en defensa de nuestra sagrada causa. Él recibió la muerte del enemigo, dejando la memoria de sus heroicos servicios a favor del sistema liberal. Sin embargo, mi desgracia prolongada con su fallecimiento me ha dejado en la absoluta mendicidad, con tres tiernos e ignorantes hijos, lo que me hace suspirar la falta de mi consorte en medio del gemir continuo de estos infelices párvulos. Esta digna víctima, sacrificada al implacable furor de los enemigos, exige de necesidad toda la consideración de Vuestra Excelencia para con sus hijos e infeliz viuda, desamparada de todo auxilio. Vuestra Excelencia, suplico decretar que, correspondiendo mi viudedad a la clase de Montepío que debo obtener como mujer legítima de un oficial que ha finado en el campo del honor, se me contribuya la mesada correspondiente a la graduación de mi finado consorte por los ministros del tesoro.

Representación (IA) de Concepción Berbén, escribiendo la solicitud del montepío.

El Legado del Catalán Molina: Un Linaje de Honor Militar

Francisco Javier Molina dejó una huella imborrable en la historia de Chile. Su legado no solo se refleja en sus valientes acciones, sino también en una descendencia que, aunque no fue numerosa, destacó por su vocación militar. Algunos de sus herederos, inspirados por su ejemplo, optaron por privilegiar la vida militar sobre la familiar, lo que podría explicar en parte su linaje reducido. Sin embargo, una rama de su árbol genealógico logró expandirse, permitiendo que el legado del catalán Molina llegue hasta nuestros días. Este repaso genealógico no solo explora el árbol familiar de Molina, sino también la trayectoria de aquellos que, siguiendo sus pasos, eligieron las armas y el servicio a la patria como el eje central de sus vidas, manteniendo vivos sus valores de coraje, honor y sacrificio.

I. Francisco Javier Molinas, español, casado con doña Concepción Berbén. Falleció en combate, el 10 de noviembre de 1820.  Su cuerpo fue enterrado en la parroquia del puerto de Talcahuano. Su esposa al presentar la solicitud de pensión de Montepío dijo que había contraído matrimonio en Concepción durante el mes de mayo de 1809, siendo padrinos el sargento mayor don Joaquín Huerta y su esposa doña Mercedes Bastidas. Además, dijo que de aquel matrimonio habían nacido 4 hijos legítimos; Francisca, Jose Dolores, Francisco de Paula y Jose Manuel.

Doña Concepción Berbén murió de aproximadamente 75 años de edad y fue sepultada en el cementerio general de Santiago el 28 de junio de 1865. Entrego su testamento el 15 del mismo mes ante el escribano Francisco Aliaga. En este documento declaró ser natural de Concepción, hija legítima de don Antonio Berbén y de doña Manuela Isla. En esta ocasión dijo que con su marido solo habían tenido 2 hijos; don Manuel y doña Francisca, y que ambos ya estaban muertos, pero que habían tenido dos hijos cada uno; don Francisco Javier y don Nicasio Molina, y don Marcos Segundo y don Francisco de Paula Maturana, los cuatro sus nietos y universales herederos.

  1. Francisca Molinas Berben, que sigue en el II-A.
  2. José Manuel Molinas Berbén, que continúa en el II-B.
  3. Francisco de Paula Molinas Berbén, que nació en Santiago el 31 de marzo de 1819 y fue bautizado ese mismo día en la iglesia de Santa Ana. Fueron sus padrinos el doctor don Eusebio Oliva y Doña Micaela Álvarez.
  4. José Dolores Molinas Berbén, que según el registro nació el mismo día que su hermano Francisco, el 31 de marzo de 1819, siendo sus padrinos los mismos. Posiblemente, eran mellizos o gemelos. De ellos no tenemos más noticias, por lo que es probable que murieran siendo pequeños.

II-A. Francisca Molinas Berbén, que según consta en la solicitud de Montepío presentada por su madre, nació en Concepción. Sus padrinos de bautizo fueron don Manuel Basabe y su tía, doña Mercedes Berbén. Fue la primera esposa de don Marcos Maturana del Campo, quien, el 1 de septiembre de 1825, recibió permiso del Ministerio de Guerra por decreto supremo para casarse con ella, cuando aún ostentaba el rango de capitán. Francisca falleció antes de 1840, ya que en ese año su marido, viudo, contrajo segundas nupcias con doña Trinidad Palazuelos.

Don Marcos Maturana fue un destacado militar que alcanzó el rango de General de Brigada. Ingresó al ejército el 1 de abril de 1818 como soldado en el batallón de los Húsares de la Muerte. Participó activamente en la batalla de Maipú y en la expedición Libertadora del Perú. Estos logros son solo una pequeña muestra de sus más de 57 años de servicio dedicados al ejército.

Fueron Padres de:

  1. Marcos Segundo Maturana Molina, General de División, fue bautizado el 15 de febrero de 1830, siendo sus padrinos don Juan barrera y su abuela doña Concepción Berben. Fue un destacado militar y coleccionista de arte chileno. Reconocido como héroe de la Guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, es también conocido por fundar el Museo Nacional de Pinturas de Santiago, que actualmente es el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile. Falleció en Santiago el 18 de mayo de 1892  soltero y sin descendencia.

    Marcos Segundo Maturana Molina, nieto.

  2. Francisco de Paula Maturana Molina, Sargento Mayor, bautizado el 2 de abril de 1832, en Santiago. Se casó en Constitución el 13 de diciembre de 1866 con Elena Luisa Rougg Elliott, hija de Santiago y Catalina. Murio el 5 de noviembre de 1900.

II-B. José Manuel Molinas Berbén, Capitán de la 6ª Compañía del cuerpo de Artillería. Nació en Santiago, el 30 de mayo de 1820 y fue bautizado ese mismo día en la iglesia parroquial de Santa Ana. Fueron sus padrinos don Francisco Tubin y doña Francisca Aliende. Se casó el 9 de octubre de 1843 con doña Emilia del Carmen Gacitúa, hija del sargento mayor de artillería, don Pedro Antonio Gacitúa y de doña Mercedes Mardones. Fue sepultado en el cementerio general de Santiago el 9 de julio de 1849. Según doña Emilia, su mujer, en la solicitud de pensión de montepío, su marido murió “perturbado de sus sentidos”.

Por su hoja de vida del ejército sabemos que estudió en la Academia Militar y que fue un alumno sobresaliente en aritmética, álgebra, geometrías prácticas y descriptivas. Que hizo la campaña al Perú con el ejército restaurador desde junio de 1838 hasta julio de 1839, hallándose en la batalla de Yungay. Fue profesor de matemáticas entre 1843 y 1844 en la misma Academia Militar. Finalmente, hizo la campaña a las colonias de Magallanes desde el 1 de octubre de 1845 hasta el 30 de marzo de 1848. Al parecer, en esta última misión, en la cual estaba acompañado de su familia, habría sufrido una especie de desequilibrio mental, lo que lo obligo a volver a Santiago, falleciendo a los pocos meses.

  1. Francisco Javier Molina Gacitúa, Contraalmirante de la Armada Nacional. Fue bautizado el 16 de junio de 1845 en San Isidro, Santiago, siendo sus padrinos don Erasmo Escala y doña Carlota Fernández.  Ingresó a la Escuela naval el 15 de abril de 1858, perteneciendo al reconocido “Curso de los Héroes”. Murió soltero el 20 de julio de 1892.

    Francisco Javier Molina Gacitúa, nieto.

  2. Nicasio Fermín Molina Gacitúa, que sigue en el III.

III. Nicasio Fermín Molina Gacitúa, bautizado en el puerto de San Felipe, en Magallanes, el día 14 de noviembre de 1847, a la edad de 33 días. Casado en Valparaíso, en la iglesia de los Doce Apóstoles  el 7 de octubre de 1872 con doña Ludomilia Sotomayor, hija legítima de don José Santos Sotomayor y doña Sinforosa Larrañaga, siendo testigos el mismo padre de la novia y doña Mercedes Mardones de Gacitúa, su abuela materna.

Enviudo al poco tiempo de casado, el 7 de noviembre de 1878, cuando su joven esposa es sepultada en el cementerio parroquial de San Felipe, Aconcagua.

De los cuatro nietos del “catalán Molina”, fue el menos activo en lo militar. Según su hoja de vida en el Ejército de Chile, sabemos que el 9 de mayo de 1879 ocupaba el cargo de teniente en la 3.ª Compañía del 1.º Batallón del Regimiento Movilizado “Lautaro”. En 1882, se desempeñaba como teniente en la 4.ª Compañía del Batallón Movilizado “San Fernando”. Finalmente, en 1884, se retiró completamente del ejército.

Murió el 9 de junio de  1888 en Valparaíso, dejando a su madre, doña Emilia Gacitua a cargo de sus hijos:

  1. Manuel Molina Sotomayor, quien falleció soltero el 22 de mayo de 1897 a la supuesta edad de 22 años debido a una tuberculosis cerebral.
  2. María Estela Molina Sotomayor, bautizada en la iglesia parroquial de los Doce Apostoles de Valparaíso el 3 de diciembre de 1876 habiendo nacido el 15 de noviembre de dicho año. Fueron sus padrinos José Santos Sotomayor, su abuelo y Mercedes Carolina Gacitúa Arguelles. En 1899 solicito al congreso nacional una pension de gracia por ser nieta del Sargento Mayor de la Independencia Francisco Javier Molina. Se casó por el registro civil el 16 de noviembre de 1901 con Samuel O’Ryan Samaniego, dando su concentimiento su abuela paterna, doña Emilia Gacitúa viuda de Molina. Murió el 18 de febrero de 1946 en Valparaiso.
    Dejo decendencia en:

    1. Manuel O’Ryan Molina
    2. María O’Ryan Molina, quien se casó con Armando O’Ryan Montalva.
    3. Samuel O’Ryan Molina
    4. Javier O’Ryan Molina

María Estela Molina Sotomayor, bisnieta.

 

Notas

Notas
1 Es mencionado en la Historia General de Chile de Don Diego Barros Arana en el Tomo IX: paginas: 44, 47, 84, 97, 105, 108, 128, 131, 138, 287, 398, 403, 552, 563, 565, 576, 578, 595, 606, 607, 608. Tomo X: paginas: 152, 574. Tomo XI: paginas: 35, 173, 268, 269, 271, 281, 326, 327, 328, 458. Tomo XII: pagina 32.
2 Sesiones de los Cuerpos Legislativos de Chile – Tomo II (1818-1819) pág. 214

Los Márquez de Estrada en Chile

El capitán Andrés Márquez de Estrada, fundador de esta familia en Chile, luchó en las campañas de la Araucanía a principios del siglo XVII. En premio por sus servicios militares, fue agraciado con 400 cuadras de tierras (en ¿Cuquehue?), título dado el 16 de julio de 16141). Fue casado con doña Juana Bautista de Porras (en algunos documentos nombrada como Juana de Quintanilla), natural de San Bartolomé de Gamboa, conocido hoy como Chillan, hija legítima del español cordobés Juan de Porras y de Juana Gutiérrez de Quintanilla, originaria de Osorno.

El 24 de abril de 1631, a raíz de su muerte aproximadamente dos meses antes, se hizo inventario de sus bienes. En dicho documento se dice que los bienes inventariados deberían quedar a nombre de doña Juana de Quintanilla, su mujer. Entre sus bienes podemos encontrar las Estancias de Quinahue y Chépica, lugares donde esta familia residió.

Según el testamento de su esposa, doña Juana, otorgado el 4 de enero de 1659 en la mencionada estancia de Chépica, estuvieron casados por cerca de 17 años (lo que matemáticamente nos hace suponer que ambos contrajeron matrimonio alrededor de 1614). Durante ese tiempo tuvieron cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, llamados Damiana, Margarita, Juan y Pedro Márquez de Estrada (uno de los testigos del testamento es el teniente Cristóbal Márquez, a quien por el momento no tenemos identificado y quien podría ser algún hijo natural de don Andrés).

Posible Origen en Mérida, Venezuela

La ciudad de Mérida fue fundada por el Conquistador español, Juan Rodríguez Suárez, el 9 de octubre de 1558. Uno de los expedicionarios que lo acompañaron fue el español Juan Márquez de Betancur quien tiempo más tarde recibe una encomienda en este lugar. Este Juan Márquez se casó con doña Damiana Noble de Estrada, una de las más activas y destacadas mujeres emeritenses del siglo XVI, hija legítima de Juan de Umpiérrez y de Antonia Jácome. Sus hijos fueron María, Ana, Juan, Pedro, José y Andrés Márquez de Estrada. Con el tiempo estos formaron una de las familias más sobresalientes de la Mérida colonial2).

Creemos que este último hijo, llamado Andrés, es el mismo individuo que encontramos asentado en Colchagua. Aunque no hemos hallado referencias explícitas sobre el origen de este personaje en documentos de la época, nos resulta notable la coincidencia entre los nombres de sus presuntos familiares en Mérida y los de sus hijos en Chile, destacando especialmente el nombre de su posible madre, Damiana, el cual no era tan común y que coincide con el nombre de una de sus hijas.

Descendencia en Colchagua

Sobre la descendencia de estos Márquez de Estrada, hasta el momento, no hemos investigado más allá de la generación de los nietos del fundador, y desconocemos si este apellido, a través de este linaje, ha perdurado hasta nuestros días en Chile.

Sus hijos fueron:

I. Juan Márquez de Estrada, casado con Juana Paniagua, quien estando enferma en cama, le otorgó poder para testar a su marido el 11 de enero de 1659, nombrando por sus herederos a sus hijos legítimos, Andrés, José, Inés, Mariana, Catalina y Francisco.

  1. Andrés Márquez de Estrada y Paniagua
  2. José Márquez de Estrada y Paniagua, testó ante Juan de Morales en 1713. Con sucesión.
  3. Inés Márquez de Estrada y Paniagua, testó ante Juan de Morales en 1713. Fue casada con José de Bustamante, sin Sucesión.
  4. Mariana Márquez de Estrada y Paniagua
  5. Catalina Márquez de Estrada y Paniagua, natural de Cumpeo. Testó. Murió de más de 50 años de edad. Fue sepultada el 18 de noviembre de 1707.
  6. Francisco Márquez de Estrada y Paniagua

II. Pedro Márquez de Estrada, capitán, quien falleció alrededor de 1683. En ese año, su hermana Margarita solicitó la tutela de los hijos que don Pedro había tenido con la también fallecida doña Beatriz de Acevedo, su mujer, quienes llevaban los nombres de Juana, Isabel y Juan Márquez de Estrada y Acevedo. Doña Margarita quería asumir esta responsabilidad debido a su parentesco cercano como tía y ser su pariente más cercano.

También ese mismo año, en Quinahue, se hizo inventario de los bienes quedados por su muerte y donde además se menciona que era su viuda doña Melchora Riquelme de la Barrera, su segunda mujer, con quien también tuvo descendencia. Doña Melchora testó ante Chirinos, el 15 de abril de 1709.

  1. Juan Márquez de Estrada y Acevedo, natural de Quinahue, fue bautizado en la iglesia de Nancagua el 19 de noviembre de 1675 a la edad de 3 años. Hijo legítimo del capitán Pedro Márquez y de doña Beatriz de Acevedo. Fueron sus padrinos Francisco de Quintana y doña Margarita Márquez.
  2. Isabel Márquez de Estrada y Acevedo, , bautizada en la misma fecha y lugar que su hermano Juan como Gerarda Isabel a la edad de 2 años. Natural de Chépica, hija legítima del capitán Pedro Márquez y de doña Beatriz de Acevedo. Fueron sus padrinos el capitán Francisco Donoso y doña Agustina Cajal. Casada con el capitán Roque de Ibarra. Testó. Murió, según el registro, a los 60 años de edad. Fue sepultada el 27 de mayo de 1731.
  3. Juana Márquez de Estrada y Acevedo, natural de Quinahue. Fue casada con Antonio de Ibarra. Testó, fue su albacea su hijo José Ibarra. Murió, según el registro, a los 60 años en marzo de 1734.
  4. Pedro Nolasco Márquez de Estrada Riquelme de la Barrera, Fraile, Agustino.
  5. Margarita Márquez de Estrada Riquelme de la Barrera, casada con don Francisco Gómez de la Fraila.

III. Margarita Márquez de Estrada, que otorga su testamento en Quinahue el 15 de septiembre de 1688 y donde declara ser hija legítima del capitán “Cristóbal” Márquez de Estrada y de doña Juana Bautista de Porras. Pide que su cuerpo sea sepultado en el convento de Nuestra Señora del Carmen del señor San Juan Bautista de Chimbarongo. (Al parecer era casada con el alférez Francisco de Quintana). No tuvo hijos.

IV. Damiana Marqués de Estrada, natural de Colchagua, hija legítima del capitán Andrés Márquez de Estrada y de doña Juana de Porras. Otorgó su testamento en Quinahue el 5 de enero de 1680. Pidió que su cuerpo fuera enterrado en el convento de San Juan Bautista de Chimbarongo, lugar donde se encuentran enterrados sus padres. Nombro como su heredero a su hermano Pedro Márquez de Estrada.

Notas

Notas
1 Juan Mujica de la Fuente, Antigüedades Curicanas, 1943, pág. 228
2 Picón-Parra, Roberto. Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1558-1810): Prolegómenos ; Los fundadores. Venezuela, Academia Nacional de la Historia, 1988. pag.237.

Los Ibarra de Nancagua

La historia de esta familia terrateniente del valle de Nancagua, Los Ibarra, se extiende a lo largo de los siglos gracias a la vasta descendencia del capitán Juan de Ibarra. Este personaje participó en la guerra de Arauco y en 1607, se desempeñó como corregidor de Colchagua. Gracias a sus propios méritos, obtuvo importantes mercedes de tierra en dicho valle, otorgadas por los gobernadores Alonso de Ribera, García Ramón y Fernández Córdoba 1). Desde entonces, los Ibarra se convirtieron en una familia de gran importancia en la zona, cuya influencia se hizo sentir en muchos aspectos de la vida local. En este artículo, exploraremos la descendencia Ibarra de las tres primeras generaciones de esta familia, llegando hasta los bisnietos y bisnietas del fundador.

Linaje de los Ibarra en el valle de Nancagua

I. Juan de Ibarra, que según lo que declara su homónimo hijo en su testamento, era natural de Vizcaya, sin embargo, según algunos destacados genealogistas e historiadores, podría ser uno de los hijos naturales del joven conquistador Hernando de Ibarra.

Hernando de Ibarra era originario de la distinguida casa de los Ibarra en Guipúzcoa. A los 10 años, se trasladó a Lima como paje del virrey Núñez Vela. Más tarde, en 1553, a la edad de 17 años, se embarcó rumbo a Chile al mando de su propia nave, cargada con suministros y provisiones, con la idea de obtener mayores réditos en una tierra devastada por la guerra.

El ilustre historiador y genealogista Juan Luis Espejo, en un ensayo biográfico muy completo y entretenido, nos cuenta los “ires y venires” de este personaje en nuestro país, a quien finalmente su personalidad agresiva e impulsiva lo condujeron rápidamente a un trágico desenlace. Fue acusado de difamación, entre otros delitos, y condenado a muerte. Fue ejecutado en la Plaza de Armas de Santiago el 24 de octubre de 1558.

Mientras estaba bajo arresto por los cargos en su contra, el 20 de octubre de 1557, Ibarra entregó una memoria testamentaria a su amigo, el escribano Pascual de Ibaceta. En ella le encargaba, en caso de muerte, una misa por el alma de sus padres y hermanos y legados paraJuanillosu hijo, yel bien vestir de Luisa” india de Chachapoyas, madre de aquel niño 2).

No se sabe con certeza si ese niño mestizo fue o no el mismo, quien años más tarde era esposo de doña Constanza de la Cerda, quien, en 1602, recibió en dote una chacra en el sector de La Cañada de Santiago. Esta chacra pertenecía a María de Niza, su madre, viuda de Antonio Guillonda, casada con Miguel de la Cerda, su padre 3), Alguacil Mayor de La Serena en 1585.

Doña Constanza testó en 1652 en la hacienda de Copacabana, donde declaró que su esposo, con quien estuvo casada por poco más de 29 años, ya estaba difunto y que con él había tenido por hijos legítimos a los siguientes:

  1. Juan de Ibarra de la Cerda, que continúa en el II-A.
  2. Martín de Ibarra de la Cerda, muerto al testar su madre.
  3. Francisco de Ibarra de la Cerda, también muerto.
  4. Miguel de Ibarra de la Cerda, que continúa en el II-B.
  5. Antonio de Ibarra de la Cerda, a quien su hermano Miguel, le compró 300 cuadras de tierra.
  6. María de Ibarra de la Cerda, que testa en la estancia de Puquillay el 27 de julio de 1647 ante el escribano Jacinto Escobar y pide que al momento de morir sea sepultada en el convento de Chimbarongo. Dijo ser viuda de Pedro de Palma y del teniente Esteban Prado de la Muela, y que solamente tuvo un hijo; Pedro Palma Ibarra. En ese momento declaró estar casada con el Capitán Simón Díaz de la Fuente, quien por ser soldado no aporto hacienda alguna al matrimonio y que la que tenían era de ella. Le dejo a su marido solo un quinto de sus bienes y a su legítimo hijo lo nombró como su universal heredero. Nombro por sus albaceas a su marido y a su madre Constanza de la Cerda. Es posible que doña María no haya muerto en ese momento, ya que en los registros parroquiales de Chimbarongo, con fecha 26 de mayo de 1678, aparece anotado el entierro de una tal “doña María Ibarra”, de más o menos 80 años de edad, probablemente la misma.
  7. Luciana de Ibarra de la Cerda, que fue dotada el 29 de julio de 1637 por su madre, ya viuda, doña Constanza de la Cerda, junto con el teniente Juan de Ibarra, Miguel de Ibarra y doña María de Ibarra, sus hermanos, todos mayores de 25 años, como testigos. Casada con el sargento mayor Cristóbal Díaz de Aguilera, hijo legítimo del capitán Cristóbal Díaz de Aguilera, natural de los reinos de España, y de doña Elvira de la Fuente. El 24 de noviembre de 1655 recibió poder para testar en nombre de su marido en la estancia de su propiedad llamada Nancagua. Se hizo inventario de sus bienes el 2 de enero de 1659. Tuvo por hijos legítimos a Cristóbal, Nicolás, Juan, Simón, Alberto, Antonio, JoséBaltazar, Agustina y Floriana.
  8. Ana de Ibarra de la Cerda, que recibió carta de dote en Puquillay, el 2 de diciembre de 1639 otorgado por su madre y sus hermanos Juan y Miguel Ibarra, ambos mayores de 25 años. Se casó con el Capitán Pedro González del Pulgar, hijo del alférez Juan González y de doña Catalina del Pulgar. Recibieron por esta dote, entre otras cosas, 800 cuadras de tierra entre el estero de Puquillay y el estero de Martín de Liberona que colinda con las tierras de Nancagua. Con Sucesión.
  9. Constanza de Ibarra de la Cerda, quien ya había muerto al testar su madre.

Descendencia de Los hermanos Juan y Miguel Ibarra de la Cerda

Juan de Ibarra murió alrededor de 1630 y fue doña Constanza de la Cerda, su esposa, quien se hizo cargo de todos los asuntos familiares. Fue así como ella acordó, por conveniencia, con el sargento mayor Juan González Gutiérrez de la Rosa, otro importante terrateniente del valle de Colchagua, el matrimonio de 3 de sus hijos, Ana, Juan y Miguel, dejando estos dos últimos una importante prole Ibarra – González del Pulgar.

II-A. Juan de Ibarra de la Cerda, quien contrajo matrimonio con doña Juana González del Pulgar, hija legítima del anteriormente mencionado don Juan González y doña Catalina del Pulgar, nacida alrededor de 1614 en Chimbarongo y que falleció el 2 de septiembre de 1710 a los 96 años.

El 20 de abril de 1640, recibieron, por parte del padre de la novia, una carta de dote que incluía diversos bienes, incluyendo un título de 400 cuadras de tierras otorgado por el gobernador Alonso de Ribera.

En su testamento, fechado el 15 de abril de 1662, don Juan de Ibarra declaró haber estado casada por al menos 23 años y haber tenido los siguientes hijos legítimos:

  1. Esteban de Ibarra González del Pulgar, que continúa en el III-A.
  2. José de Ibarra González del Pulgar, que continúa en el III-B.
  3. Francisco de Ibarra González del Pulgar, que continúa en el III-C.
  4. Juan de Ibarra González del Pulgar, quien murió el 23 de enero de 1684 a los 26 años, otorgó testamento ante Fray José de Riberos.  Declaró que fue soldado en la Guerra de Arauco. Su madre fue su heredera y dio poder ese mismo año a su hermano Esteban para cobrar los sueldos adeudados.
  5. Jerónimo de Ibarra González del Pulgar
  6. Bartolomé de Ibarra González del Pulgar, que continúa en el III-D.
  7. Lorenzo de Ibarra González del Pulgar
  8. Catalina de Ibarra González del Pulgar, que según su testamento otorgado en Malloa en 1734, fue casada y velada con el capitán don Nicolás de Vergara, con quien tuvo por hijos legítimos a Juan, Nicolás, Vicente, Josefa, Ana, Margarita, Rosa, Beatriz y Clara.
  9. Constanza de Ibarra González del Pulgar, que fue la segunda mujer del Capitán don Alonso de Quesada, quien testó en 1686 y con quien tuvo a Gregorio, Alonso y a Narcisa. Casada en segundas nupcias con don Gregorio Gajardo con quien tuvo 2 hijas, Josefa y Francisca. Testó su marido Gregorio en su nombre en 1697. Murió 20 de marzo de 1698 a la supuesta edad de 40 años.

II-B. Miguel de Ibarra de la Cerda, que recibió en herencia de su madre una extensa propiedad de más de 500 cuadras de tierras en el valle de Tinguiririca.

El 13 de julio de 1682, en su estancia en el valle de Nancagua, otorgó su testamento en el cual declaró haber estado casado con doña Isabel González del Pulgar durante un poco más de 42 años y que de esta unión nacieron 8 hijos legítimos.

Doña Isabel González era natural de Nancagua, también legítima del sargento mayor Juan González y de doña Catalina del Pulgar. Tras una vida plena, fue sepultada el 29 de julio de 1703 a la edad de 80 años. En su testamento, designó a sus hijos, el capitán Roque de Ibarra y Antonio de Ibarra, como albaceas encargados de cumplir con sus deseos y disposiciones finales.

Sus hijos fueron:

  1. Miguel de Ibarra González del Pulgar, quien estuvo casado con Beatriz de Villegas, con quien tuvo sucesión. Otorgó testamento en Santiago ante el escribano Juan de Morales.
  2. Gabriel de Ibarra González del Pulgar
  3. Antonio de Ibarra González del Pulgar, que continúa en el III-E.
  4. Roque de Ibarra González del Pulgar, que continúa en el III-F.
  5. María de Ibarra González del Pulgar, natural de Nancagua, nació aproximadamente en 1643. Murió soltera a los 80 años el 8 de febrero de 1723. Durante su vida, realizó una donación a su sobrina Beatriz de Ibarra, consistente en una parte de tierras ubicadas en la estancia de los Manantiales.
  6. Tomasa de Ibarra González del Pulgar, natural de Nancagua, nació por 1653. Murió a los 70 años el 24 de enero de 1723.
  7. Teresa de Ibarra González del Pulgar, quien en Nancagua, en el año 1732 otorgó testamento donde declaró ser soltera. En dicho documento, nombra como su heredera a su sobrina, María Rosa González, a quien había criado desde temprana edad.
  8. Josefa de Ibarra González del Pulgar, bautizada el 7 febrero del año de 1666. Difunta al testar su padre.

Posible hija natural:

  1. María de Ibarra, oriunda de Nancagua hija natural del capitán Miguel de Ibarra. Fue sepultada con entierro mayor en la parroquia de San Jose de Toro en 8 de agosto de 1738. Murió a los 80 años aproximadamente.

Descendencia de  los nietos Ibarra-González del Pulgar

III-A. Esteban de Ibarra González del Pulgar, que era natural de Nancagua, nació más o menos en 1636 y murió a los 80 años el 21 de junio de 1716. A pesar de no haber encontrado el documento, según su registro de muerte, testó y fueron sus albaceas sus hermanos José y Bartolomé de Ibarra.

Se casó con doña Josefa Ortiz de Araya, quien era natural de Santiago, hija legítima del capitán Antonio Ortiz y de doña Juana Gómez y que murió el 14 de septiembre de 1725, a los 55 años, ya viuda. Testó y fueron sus albaceas don Luciano Ortiz y don Nicolás de Ibarra.

Debe ser el mismo Esteban de Ibarra que se casó dos veces antes. La primera vez con doña Tomasa Maturana, hija legítima del capitán Juan Bautista Maturana y de Agustina de Valles y que fue dotada en 1665. Según el genealogista Luis de Roa 4), Tomasa falleció en Chimbarongo el 2 de febrero de 1670. De este matrimonio nació Juan Dionisio, bautizado el 8 de octubre de 1666, y sus padrinos fueron don Francisco Riberos y doña Catalina de Ibarra.

El segundo matrimonio donde encontramos a un Esteban de Ibarra es el que se realizó con doña Sebastiana Ocampo con quien tuvo hijos legítimos registrados en el libro Nº I de Bautizos de Chimbarongo. Según el mismo Roa, Sebastiana Ocampo fue legítima mujer de Esteban de Ibarra con quien tuvo a Francisca en 1672 y a otra Francisca en 1673.

Según los registros investigados, con Josefa Ortiz tuvieron los siguientes hijos:

  1. Julián Ibarra Ortiz de Araya, bautizado el 27 de enero de 1702 en el convento de Chimbarongo a la edad de 2 años, murió el 3 de mayo de 1706.
  2. Cristóbal Ibarra Ortiz de Araya, bautizado el 15 de septiembre de 1709 a los 3 años 4 meses de edad.
  3. Juana de Ibarra Ortiz de Araya, natural de San Antonio, fue bautizada el 14 de noviembre de 1713 al año y 7 meses. Murió a los 5 años y 6 meses el 21 de marzo de 1718.
  4. Úrsula de Ibarra Ortiz de Araya, natural de Chimbarongo, mujer de don Antonio Camilo, natural de Comalle, hijo legítimo de don Isidro Camilo y de doña Juana Arriagada, con quien se casó el 25 de agosto de 1705. Murió a los 28 años el 29 de mayo de 1720.
  5. Esteban de Ibarra Ortiz de Araya, natural de Chimbarongo, murió el 10 de noviembre de 1721 a los 30 años. Testó y fue su albacea el capitán Bartolo Ruz. Casado el 19 de abril de 1712 con doña Isabel (Josefa) Villaseca, natural de Chimbarongo hija legítima del capitán don Antonio Villaseca y de doña Marcela Gallardo. Con Sucesión.
  6. Josefa de Ibarra Ortiz de Araya, natural de Chimbarongo, fue bautizada el 15 de septiembre de 1709 a los 6 meses de nacida. Murió el 3 de octubre de 1728 a unos supuestos 30 años. Testó y fueron sus albaceas el capitán don Diego Puertas y don Tomás de la Arriagada.
  7. Florencia de Ibarra Ortiz de Araya, natural de Chimbarongo, casada el 24 de agosto de 1724 en la parroquia de don Pedro de Toro con don Tomás del Arriagada, natural de Chimbarongo, hijo legítimo del capitán Nicolás de la Arriagada y de doña Ana de Valenzuela.
  8. Andrés de Ibarra Ortiz de Araya, que se casó en Valparaíso el 1 de octubre de 1724 con Josefa Bravo, natural de Santiago, hija natural de Mariana Maldonado y de Bernardo Bravo.

III-B. José de Ibarra González del Pulgar, quien recibió carta de dote el 2 abril de 1684 por parte de los hermanos de doña Juana Gajardo, natural de Teno, hija legítima del capitán Gregorio Gajardo y de doña María Raynero.

Su mujer fue bautizada el 3 de septiembre de 1664 y murió el 2 de julio de 1746, al parecer de 90 años. Testó y dejo por albaceas a José y Lorenzo de Ibarra

Según los registros encontrados fueron padres de:

  1. José de Ibarra Gajardo, natural de Nancagua. Se casó el 23 de octubre de 1718 con doña Josefa Barahona, natural de Chimbarongo, hija legítima de don Álvaro Barahona y de doña Josefa Gajardo. Fue dispensado el impedimento de cuarto grado de consanguinidad. Fueron testigos del matrimonio don Nicolás del Arriagada y su mujer doña Petronila Ibarra. Con sucesión
  2. Gregorio de Ibarra Gajardo, natural de Chimbarongo. Se casó el 20 de noviembre de 1728 con doña Lorenza Arriagada, natural de Chimbarongo, hija natural de don Nicolás de la Arriagada y de doña Josefa Bobadilla. Murió el 8 de abril de 1769, de edad 67 años aproximadamente. Con sucesión
  3. Lorenzo de Ibarra Gajardo, bautizado el 18 de enero de 1695 a la edad de un mes. Se casó en Chimbarongo el 24 de noviembre de 1738 con Inés Garrido, natural de Nancagua, hija legítima de Antonio Garrido y María Salinas.
  4. Andrés de Ibarra Gajardo, natural de Nancagua, murió el 8 de enero de 1747 a la edad aproximada de 60 años. No testó. Era casado con doña Bartolina Zapata. Con sucesión

Posible hija natural:

  1. Francisca de Ibarra, mestiza, natural de Nancagua, hija natural del capitán José de Ibarra y de María Sazo. Casada el 29 de junio de 1703 en la capilla de Martín Hernández con Antonio de Saldías, mulato libre, natural de Lima, hijo natural de don Bernardo de Saldías y de Juana Zapata.

III-C. Francisco de Ibarra González del Pulgar, natural de Nancagua, nació alrededor de 1647, murió el 8 de marzo de 1713 a los 66 años, dio poder para testar a sus hermanos José y Bartolomé de Ibarra, quienes otorgaron su testamento ese mismo año en Nancagua. Declararon que fue casado en primeras nupcias con doña Bartolina Gajardo y en segundas nupcias con doña Luisa Donoso, cuya hermana doña Antonia Donoso les heredó $400 y que con dicha plata más $100 que puso de su bolsillo, compró 300 cuadras de tierra a los herederos del capitán Miguel de Ibarra. Fue padre de los siguientes:

  1. Agustina de Ibarra Gajardo, natural de Nancagua. Casada el 21 de septiembre de 1704 con don José Donoso, natural de la doctrina de Colchagua, hijo legítimo del capitán don Nicolás Donoso y de doña Andrea Riquelme de la Barrera.
  2. Francisco de Ibarra Donoso, que testó el 4 de marzo de 1774. Casado y velado en primeras nupcias con doña Francisca Morales Espinoza, con quien tuvo varios hijos y fue casado en segundas nupcias con doña Ángela Fontalba, con quien no tuvo hijos.
  3. Petronila de Ibarra Donoso, que fue casada el 14 de octubre de 1713 con don Nicolás de la Arriagada natural de Teno hijo legítimo de don Nicolás de la Arriagada y de doña Ana de Valenzuela. Otorgó su testamento en Nancagua donde dijo qué tuvo por hijos legítimos a Narciso, Jose, Antonio, Rosa, Mercedes y Nicolasa, todos vivos al momento de testar y a Santiago y Margarita ya difuntos.
  4. Cecilia de Ibarra Donoso, casada con Eugenio Paredes. Es mencionada en juicio de Narciso de la Arriagada contra su esposo por una acequia en 1763. Pero no es mencionada en el testamento de su padre.

Hijos naturales:

  1. Josefa Ibarra Bastidas, natural de Nancagua, hija natural del capitán Francisco Ibarra y de Juana Bastidas. Casada el 31 de enero de 1702 en la parroquia de Nancagua, con Esteban Zenteno natural de Purén, hijo natural de Francisco Zenteno.
  2. Francisco Ibarra Bastidas, natural de Nancagua, hijo natural del capitán Francisco Ibarra y de Juana Bastidas, se casó el 9 de febrero de 1706 con María Olmedo, hija legítima de Francisco Olmedo y de Francisca Santander. Con Sucesión
  3. María Rosa Ibarra Bastidas, natural de Nancagua, hija ilegítima del capitán Francisco de Ibarra y de doña Juana Bastidas. Casada el 2 de mayo de 1709 en la parroquia de don Pedro de Toro, con Cristóbal Valderrama, natural de Colchagua hijo legítimo del capitán don José de Valderrama.

III-D. Bartolomé de Ibarra González del Pulgar, natural de Nancagua, murió a los 70 años el 30 de mayo de 1727, testó el mismo año, declarando haber sido casado en primeras nupcias con doña Ana de Úbeda y en segundas nupcias con doña María Millán. Declaró como parte de sus bienes 125 cuadras de tierras, las cuales recibió por herencia de sus padres. Además de la cuarta parte de la viña que goza su hermano, el capitán José de Ibarra, también heredado.

Fue padre de los siguientes:

  1. Miguel Ibarra Úbeda, natural de Santiago, se casó con doña María de Aranda Moscoso, natural de Santiago, hija legítima del alférez Baltazar de Aranda Moscoso y de doña Inés de Espinoza. Tuvo Sucesión
  2. Francisca Ibarra Úbeda, su padre le dio en dote ¼ de solar en la ciudad de Santiago. Casada con el capitán don Juan Donoso.
  3. Ventura Ibarra Millán, que fue bautizado el 1 de noviembre de 1715 a la edad de 4 meses. Sus padrinos fueron don José de la Arriagada y doña Antonia Rojas. Murió el 11 de junio de 1736, según el registro, a los 18 años.
  4. Faustino Ibarra Millán
  5. María Candelaria Ibarra Millán, casada con Carlos Brito.
  6. Carolina Ibarra Millán
  7. Mónica Ibarra Millán
  8. Gregoria Josefa Ibarra Millán

Posible hija natural:

  1. Catalina Ibarra, natural de Nancagua, hija natural de don Bartolo Ibarra, murió el 19 de febrero de 1742. Casada con Pascual Gómez o Gumera, no testo por pobre.

III-E. Antonio de Ibarra González del Pulgar, murió el 9 de noviembre de 1724. Fue casado con doña Juana Márquez de Estrada, hija legítima del capitán Pedro Márquez de Estrada y de doña Beatriz de Acevedo.

Fueron padres de los siguientes:

  1. Juan José Ibarra Márquez de Estrada, que murió el 11 de junio de 1739 a la supuesta edad 50 años. Era casado con doña Luciana de Toro, quien por poder otorgó el testamento de su marido. Fueron padres de Ana, Prudencia, Josefa y Juana Ibarra de Toro. Tuvo 2 hijas naturales, Manuela y Josefa.
  2. Beatriz Ibarra Márquez de Estrada, bautizada en Nancagua el 18 de enero de 1695 a la edad de 2 años, otorgó testamento en la estancia de Manantiales el 26 de agosto de 1765. Declaró haber tenido 2 hijos naturales, Josefa Ibarra, casada con don Francisco Bustamante y Matías Ibarra, quien a su vez tuvo un hijo natural con Josefa Quezada llamado José Ibarra, que se casó con Ubalda Llanos Cortes (tratada en el artículo de los Llanos). Falleció en Nancagua el 19 de abril de 1779.

III-F. Roque de Ibarra González del Pulgar, natural de Nancagua, nació aproximadamente en 1658. Murió el 3 de agosto de 1704. Testó y su albacea fue su hermano Antonio.

Se casó en el Sagrario de Santiago el 28 de enero de 1694 con doña Isabel Márquez de Estrada, natural de Colchagua, también fue hija legítima del capitán Pedro Márquez de Estrada y de doña Beatriz de Acevedo. Fueron padrinos del matrimonio su hermano Miguel de Ibarra y su mujer doña Beatriz de Villegas. Ella murió a los 60 años el 27 de mayo de 1731. También testó.

Fueron padres de los siguientes:

  1. Gabriel Ibarra Márquez de Estrada, capitán, natural de Nancagua, casado el 12 de octubre de 1731 en la capilla de Nancagua con doña Juana Palma de cuyo matrimonio no hubo descendencia. Hizo su testamento el 1 de diciembre de 1751 y nombro por albacea a su cuñado don Miguel de Valenzuela. Declaró haber aportado a su matrimonio por sus bienes parte de las tierras que quedaron de la herencia de su padre don Roque de Ibarra. Dijo que del total de 500 cuadras repartidas entre varios herederos, a él le pertenecían 27 cuadras, ya que de las 83 cuadras y 50 varas que les heredó su padre, estas se repartieron entre 3 hermanos. Murió el 23 de agosto de 1764, al parecer de 80 años. Fue sepultado en el convento de nuestra señora de San Juan Bautista de Chimbarongo.
  2. Manuela Ibarra Márquez de Estrada, quien según su testamento otorgado en Nancagua el 15 de octubre de 1770 por su marido don Antonio Fuentes, con quien no tuvo hijos, aportó a su matrimonio una parte de tierras (30 cuadras) de la estancia de los Manantiales. El mismo don Antonio, dice que al momento de fallecer doña Manuela, ella declara ser madre de Julián Ibarra, su hijo natural, a quien ellos habían criado. Este Julián Ibarra es el fundador de la familia Llanos en la doctrina de Nancagua.
  3. María Ibarra Márquez de Estrada, natural de Nancagua. Se casó el 13 de noviembre de 1713 en la viceparroquia de Guzmán con Diego Jofré natural de Lontué, hijo legítimo de Francisco Jofré y de doña Catalina de Medina. Tuvieron 5 hijos; Cecilia, Felipe, Manuela, Inés y Santiago Jofré. En su testamento declaró que tenía una parte de la estancia de Chépica en posesión de los Valenzuela.
  4. Agustina Ibarra Márquez de Estrada, casada con don Miguel Valenzuela, quien declara en 1755, que su mujer, ya difunta, le había otorgado su poder para que en su nombre hiciera su testamento. Declaró por sus hijos legítimos a Pedro, Manuel, Fernando, Pablo, Ramón de Valenzuela. Declaró como parte de sus bienes una parte de tierras heredada en la estancia de los Manantiales, 500 cuadras de tierra nombradas estancia de Chépica.
  5. Miguel Ibarra Márquez de Estrada, natural de Nancagua. Murió el 5 de julio de 1750 a la supuesta edad de 60 años. Fue sepultado con entierro menor en el convento de Chimbarongo. Fue casado con Pascuala Vásquez.

Muchos más Ibarra

Durante nuestra investigación de esta familia en la zona de Colchagua, nos hemos encontrado con una amplia cantidad de personas que llevan el apellido Ibarra, pero lamentablemente, hasta el momento, no hemos logrado filiarlas al tronco principal.

Si tú o alguien que conozcas desciente de esta familia y tienes información que pueda ser relevante para este estudio genealógico, te invitamos cordialmente a ponerte en contacto con nosotros. Cualquier detalle, por pequeño que parezca, podría ser valioso para trazar lazos familiares y enriquecer nuestra comprensión de la historia de los Ibarra en esta región.

La investigación genealógica es un trabajo minucioso y colaborativo, y cualquier aporte que nos puedas brindar será apreciado y considerado con sumo interés. Juntos, esperamos desentrañar la historia y el legado de la familia Ibarra en Colchagua. No dudes en escribirnos y compartir tus conocimientos o datos sobre la familia. ¡Agradecemos de antemano cualquier colaboración que puedas proporcionar!

Notas

Notas
1 Tomás Thayer Ojeda. (1941). Formación de la Sociedad Chilena y Censo de la Población de Chile en los años de 1540 a 1565: con datos estadísticos, biográficos, étnicos y demográficos. Prensas de la Universidad de Chile. Tomo II. Pág. 160.
2 Juan Luis Espejo. (1915). Ensayo Biográfico “Hernando de Ibarra”. Revista chilena de historia y geografía. Vol.16. Impr. Universitaria. Pág. 352.
3 Thayer Ojeda. (1905). Santiago durante el siglo XVI: constitución de la propiedad urbana i noticias biográficas de sus primeros pobladores. Imprenta Cervantes. Pág. 109.
4 Roa y Ursúa, Luis de. El reino de Chile (1535-1810). Estudio histórico, genealógico y biográfico